diciembre 04, 2007

[Música]

¿Qué tendra la música que a todos nos atrae? A cada uno de una manera, cierto, pero todo ser humano que se precie gusta de la música, aunque sólo sea un conjunto de sonidos articulados muy seguidos. Y si no le gusta la música, o no se precia, o no es ser humano o viene de Plutón. O quizás sólo es la excepción a la regla.
El caso es que la música mueve masas. Unos saltan, otros bailan, otros hacen que saltan y bailan; unos gritan intentando atinar una nota y otros por el simple hecho de gritar; aquellos se agitan como posesos mientras que esos otros son más intimistas y no mueven ni una ceja. Sólo hay que ir a un concierto y se comprende el poder de la música: nos puede, nos domina. A lo mejor los políticos debieran ser músicos para tener mayor éxito. O a lo mejor los músicos debieran ser políticos.
Hombre, no es el caso. Pero Arnold Schwazeneiger es dirigente en algún estado de Norte América. Sólo es actor, pero aún así ha caído bien y conseguido ganarse el apoyo del público. A lo mejor si cantara llegaría a Presidente de los Estados Unidos. A lo mejor perdería el respeto de todos los gobiernos extranjeros, pero al menos se pasaría un buen rato con él.


[Astronomía]

El Universo es grande. Muy grande. Demasiado grande quizás. Y sin tener en cuenta los mitos, muchas veces sorprendentes que intentan explicar tal inmensidad, las explicaciones a nuestro mundo son mínimas. Me viene a la memoria una de ellas, dada por alguna civilización asiática.

Para aquel pueblo hindú, todo debía tener un apoyo, nada podía reposar eternamente en el vacío. ¿Lógico, no? Nada, absolutamente nada puede estar en el aire inactivo sin caer. Claro, eso supone un problema. ¿Y nuestra tierra, tan redonda y con esa forma plana, en que se apoya para no caer? Por supuesto sobre cuatro elefantes que llevan el mundo sobre sus lomos (por eso del elefante sagrado hindú).
Magnífico, problema resuelto. Pero... ¿y los elefantes? Ante tal dilema, los creadores del mito se estrujaron un poco más la cabeza y pronto se dieron cuenta de que habían cometido un fallo: ¡no podían ser cuatro elefantes solos! Solución: los elefantes están apoyados sobre el caparazón de una gigantesca tortuga que lleva navega por el Cosmos.
Y entonces, ¿la tortuga...? ¡No, no, no! Eso escapa a nuestro entendimiento porque ya es demasiado grande para entenderlo. Y así, se solucionó el problema del Cosmos.

Sin embargo, tras el desarrollo de la física y tecnologías, no sólo se ha desmotrado que no hace falta un apoyo para la Tierra (que resultó ser redonda, no plana), sino que además se mantiene en reposo en un espacio medianamente vacío. Aquí van algunas fotos que muestran nuestro entorno más cercano.

'Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees' Proverbio Chino